El día a día de un arquitecto es muy completo: se dedica a diseñar edificios o dirigir obras, pero una parte importante de su trabajo es la emisión de certificados que acreditan distintos aspectos relacionados con la construcción, el estado de un inmueble o el cumplimiento de normativas. Estos documentos tienen validez legal y, en muchos casos, son imprescindibles para realizar trámites administrativos, vender o alquilar una vivienda, o incluso para poder iniciar ciertas reformas.
Pero cuando hablamos de “certificados” no nos referimos a un papel cualquiera, sino a informes firmados por un técnico competente que responden a una necesidad concreta y que pueden tener consecuencias jurídicas. Por eso, su contenido debe ser riguroso y ajustado a la realidad.
La figura del arquitecto, en este sentido, no se centra solamente en aportar conocimientos técnicos; también brinda la responsabilidad profesional que garantiza que el documento sea válido ante administraciones, notarías o tribunales.
De la mano de Fernando Antón, vamos a conocer cuáles son los diferentes certificados que puede expedir un arquitecto:
Certificado de habitabilidad.
Uno de los más conocidos es el certificado de habitabilidad, que acredita que una vivienda reúne las condiciones mínimas para ser habitada. Esto incluye aspectos como la ventilación, la iluminación, la superficie útil, la altura de los techos, el estado de las instalaciones o la accesibilidad.
De hecho, en muchas comunidades autónomas es obligatorio para vender o alquilar una vivienda, y también puede ser necesario para dar de alta suministros como el agua o la electricidad si la casa lleva tiempo vacía. El arquitecto visita la vivienda, comprueba que cumple con la normativa vigente y redacta el documento indicando que se puede usar como residencia.
Si la vivienda no cumple con los requisitos, el certificado no puede emitirse hasta que se realicen las reformas necesarias. Esto protege tanto al comprador o inquilino como a la administración, que se asegura de que la propiedad es segura y salubre.
Certificado de antigüedad de una vivienda o construcción.
Este documento acredita la fecha de finalización de una obra o construcción. Es muy útil cuando no existen licencias o planos originales, o cuando se necesita regularizar un inmueble que lleva muchos años construido, pero nunca se inscribió correctamente en el registro.
El arquitecto, para elaborarlo, se centra en varias fuentes: mediciones in situ, fotografías aéreas históricas, consultas en archivos municipales y, en ocasiones, declaraciones juradas de propietarios. Con todo ello establece una fecha aproximada que luego queda reflejada en el certificado.
Este documento suele ser imprescindible en procedimientos como la legalización de edificaciones antiguas o la inscripción de una vivienda en el Registro de la Propiedad. También puede ser necesario para demostrar que han pasado los plazos de prescripción urbanística en casos de construcciones sin licencia.
Certificado de eficiencia energética.
Desde hace años, es obligatorio contar con un certificado de eficiencia energética para vender o alquilar un inmueble. Este documento califica el consumo de energía y las emisiones de CO₂, otorgando una letra que va desde la A (máxima eficiencia) hasta la G (mínima).
El arquitecto o técnico competente analiza la envolvente térmica, los sistemas de climatización, ventilación e iluminación, y otros aspectos relacionados con el consumo. Después emite el certificado junto con la etiqueta energética que debe mostrarse en anuncios y contratos.
Aunque en algunos casos se vea como un simple trámite, este documento puede servir para detectar oportunidades de mejora en el inmueble. Por ejemplo, un mal aislamiento o un sistema de calefacción obsoleto pueden estar encareciendo las facturas de manera innecesaria.
Certificado final de obra.
Cuando una obra termina, es necesario acreditar que se ha ejecutado según el proyecto aprobado y cumpliendo la normativa. El certificado final de obra lo emite el arquitecto (junto con el arquitecto técnico, si lo hay) que ha dirigido la ejecución.
En él se detalla la fecha de finalización, las características principales de la construcción y se confirma que el resultado se ajusta a lo proyectado. Este documento es fundamental para poder solicitar la licencia de primera ocupación y dar por cerrada la etapa de obra.
Sin este certificado, no se pueden realizar trámites como la inscripción en el registro o la contratación de suministros, ya que es la garantía de que la obra está terminada correctamente.
Certificado de solidez o de estabilidad estructural.
Hay ocasiones en las que se necesita demostrar que un edificio o una parte de él es estructuralmente seguro. Puede ser tras un incendio, un derrumbe parcial, una reforma importante o simplemente porque se va a realizar un cambio de uso que requiere comprobar la resistencia del inmueble.
El arquitecto realiza una inspección visual y, si es necesario, pruebas de carga o estudios más específicos para evaluar elementos como vigas, forjados, cimentación y cubiertas. El certificado indicará si la estructura es segura o si necesita reparaciones antes de continuar con el uso previsto.
Este documento puede ser decisivo en operaciones como la compra de un edificio antiguo, la apertura de un negocio en un local o la rehabilitación de una vivienda.
Certificados para tramitación urbanística.
En el ámbito urbanístico, el arquitecto puede emitir diferentes certificados que ayudan a avanzar en trámites ante el ayuntamiento o la comunidad autónoma. Algunos ejemplos son:
- Certificado de alineación y rasantes: determina la posición de la parcela respecto a la vía pública y el nivel que debe tener el suelo para cumplir con la ordenación urbanística.
- Certificado de superficie construida y útil: muy utilizado para escrituras, divisiones o agrupaciones de fincas.
- Certificado de cumplimiento de normativa urbanística: confirma que una construcción o reforma respeta el planeamiento vigente.
Estos documentos son importantes para evitar problemas posteriores con licencias, inspecciones o futuras obras.
Certificado acústico.
En zonas donde hay limitaciones de ruido, o cuando se abre un negocio que pueda generar molestias sonoras, puede ser necesario un certificado acústico. El arquitecto, a menudo en colaboración con un técnico especializado en acústica, mide los niveles de ruido y evalúa el aislamiento del inmueble.
El resultado se plasma en un documento que indica si se cumplen los límites legales. Si no es así, se sugieren medidas correctoras, como reforzar el aislamiento de paredes o cambiar ciertos elementos constructivos.
Certificado de accesibilidad.
La accesibilidad es un requisito cada vez más presente en la construcción y rehabilitación de edificios. El certificado de accesibilidad lo emite un arquitecto tras evaluar si un inmueble cumple con las normativas que garantizan el acceso y uso por parte de personas con movilidad reducida o discapacidad.
Este documento puede ser obligatorio en reformas de espacios públicos, en la obtención de licencias de actividad o para solicitar ayudas destinadas a la eliminación de barreras arquitectónicas.
Certificados para ayudas y subvenciones.
Muchas convocatorias públicas de subvenciones para rehabilitación, eficiencia energética o conservación de edificios requieren que un arquitecto certifique la situación inicial del inmueble y, en algunos casos, los resultados tras las obras.
Por ejemplo, en programas de mejora de eficiencia, se emite un certificado energético antes y después de la intervención para demostrar que se han conseguido los ahorros previstos. En rehabilitaciones, se certifica que las actuaciones cumplen con las condiciones técnicas exigidas para recibir la ayuda.
La importancia de que el certificado lo firme un arquitecto.
Aunque algunos de estos documentos pueden ser firmados por otros técnicos competentes (como ingenieros o arquitectos técnicos), contar con un arquitecto tiene ventajas cuando se trata de aspectos relacionados con el diseño, la habitabilidad y la normativa urbanística. El arquitecto se encarga de certificar, al mismo tiempo que puede proponer soluciones si detecta problemas.
Además, la firma de un arquitecto implica una responsabilidad civil profesional, lo que significa que el documento tiene un respaldo legal sólido. En caso de que la información resulte incorrecta, el profesional responde ante la ley, lo que da seguridad a quien recibe el certificado.
¿Cómo es el proceso de emisión de un certificado?
Aunque el contenido de cada certificado varía, el proceso general suele incluir:
- Solicitud por parte del interesado, explicando para qué se necesita y en qué contexto.
- Visita al inmueble para realizar las mediciones, comprobaciones o ensayos necesarios.
- Revisión de documentación existente, como planos, licencias o fotografías históricas.
- Redacción del documento, describiendo la situación y las conclusiones.
- Firma y entrega en formato físico o digital, con registro de fecha y datos del arquitecto.
Ahora que ya conocemos los diferentes certificados que puede expedir un arquitecto, podemos afirmar que son herramientas esenciales en la vida útil de cualquier inmueble. Se encargan de acreditar que una vivienda es habitable e incluso se centran en demostrar que un edificio cumple la normativa o que una obra ha finalizado correctamente, así que estos documentos tienen un peso legal y práctico que no conviene subestimar.
Saber cuáles existen y en qué situaciones se necesitan ayuda ahorrar tiempo y evitar problemas. Y aunque a veces se perciban como un trámite más, lo cierto es que detrás de cada certificado hay un trabajo técnico que garantiza que la información es veraz y que el inmueble en cuestión cumple con lo que la ley exige.