Apúntate estos consejos para poner a punto tu chimenea.

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¡Ya está prácticamente aquí el otoño! Y con él, se avecina la llegada del frío: pronto no tardaremos en buscar el calorcito, y ¿Qué mejor forma de hacerlo a través de una chimenea? La escena es idílica: una taza de té caliente, un libro que nos engancha y el sonido del fuego chisporroteando. Pero para que esa experiencia sea realmente perfecta, hay algo que no podemos pasar por alto: preparar la chimenea a conciencia antes de empezar a utilizarla.

Y es que, a pesar de que el mantenimiento de una chimenea puede parecer secundario cuando pensamos en ella como un simple rincón decorativo, lo cierto es que requiere cuidados específicos. Sabemos que una chimenea descuidada ya no rinde igual, pero no es lo peor: ésta también puede convertirse en un riesgo dentro de casa.

Por eso, hoy quiero compartir contigo una serie de consejos útiles y fáciles de aplicar para que pongas a punto tu chimenea sin complicaciones. Todo pensado para que, cuando llegue el momento de encender el primer fuego del año, lo disfrutes sin preocupaciones y con la tranquilidad de haber hecho bien las cosas.

¡Empezamos!

Limpia sin miedo.

El primer acto que vamos a tener en cuenta para preparar la chimenea consiste en limpiar bien todos sus rincones. Aunque pueda parecer algo sencillo, no es un detalle menor:

La ceniza que se acumula tras cada uso debe retirarse, ya que, si se deja demasiado tiempo, acaba solidificándose y complicando mucho más la limpieza posterior. Además, una capa de residuos en el fondo puede afectar a la calidad de la combustión.

¿Cómo podemos hacerlo? Una buena manera es retirando la ceniza después de cada encendido, al menos una vez a la semana si se usa de manera habitual. Lo suyo es hacerlo con una pala metálica y un cubo también metálico, nunca de plástico, porque las brasas pueden tardar horas en apagarse por completo y provocar un susto. Al mismo tiempo, conviene aspirar el hollín que queda en los laterales y en la base con un aspirador especial para cenizas, ya que uno convencional se dañaría enseguida.

¡Ah, y no debemos olvidar nunca el cristal de la puerta! Muchas veces, después de varias horas de fuego, aparece un cerco oscuro que resta transparencia y, con ello, parte de la magia de ver el fuego con nitidez. Por eso se debe limpiar de forma regular con productos adecuados o con remedios caseros, como papel de periódico humedecido y un poco de ceniza fina, eso sí: si el cristal se ha agrietado o presenta daños visibles, no basta con limpiarlo. Lo veremos más adelante.

La revisión del tiro y del conducto.

Un aspecto fundamental es comprobar el tiro de la chimenea, es decir, la capacidad que tiene el conducto para que el humo salga hacia el exterior. Cuando no funciona bien, el humo puede colarse dentro de la vivienda, con lo desagradable y peligroso que eso resulta.

Con el tiempo, el hollín se acumula en el interior del tubo. A simple vista no siempre se aprecia, pero una limpieza profesional de la chimenea revela la cantidad de residuos que se van pegando a las paredes. Lo peor es que éstos no solo dificultan la salida del humo, sino que, además, son inflamables: una chispa puede prender en ellos y generar un incendio en el conducto. Por eso los especialistas recomiendan realizar una limpieza profunda, llamada deshollinado, al menos una vez al año.

El deshollinado puede hacerse de manera manual, con cepillos específicos que van rascando las paredes del tubo, o mediante sistemas más modernos de aspiración. Lo importante es que quede libre de residuos. Y ya que se revisa, también se comprueba que no haya objetos obstruyendo la salida en el exterior, como nidos de pájaros o restos de ramas.

El estado de las juntas y de las piezas internas.

Las juntas, fabricadas generalmente en fibra cerámica, se encuentran en el marco de la puerta y evitan que el humo se escape al interior de la casa. Con el uso y el calor, se van deteriorando y pierden su función. Por eso, si notas que la puerta ya no cierra tan herméticamente como antes, probablemente sea hora de cambiarlas.

También conviene fijarse en las piezas internas, como los ladrillos refractarios que cubren la cámara de combustión. Su función es proteger la estructura de la chimenea del calor directo, y con el tiempo, pueden agrietarse o fragmentarse. Una pequeña grieta puede parecer inofensiva, pero lo cierto es que afecta a la utilidad de la chimenea y puede derivar en un problema mayor.

No te lo pienses: sustituir estos ladrillos cuando ya están dañados es una inversión que alarga la vida útil de la chimenea.

El cristal.

Quizás el elemento más llamativo de una chimenea cerrada sea su cristal. A través de él podemos ver el fuego en todo su esplendor mientras nos protege del mismo; sin embargo, no es indestructible.

El cristal de la puerta de la chimenea está diseñado para soportar altas temperaturas, pero incluso así puede sufrir. Un golpe al cerrarla con fuerza, una variación brusca de temperatura o el simple paso del tiempo pueden generar fisuras, y cuando esto ocurre, no hay que posponer la reparación. Un cristal dañado deja de ser seguro, porque el calor puede debilitarlo aún más y romperlo de golpe en pleno uso. Además, un cristal agrietado deja escapar humo y reduce la eficiencia del calor que se conserva en el interior.

Cambiar el cristal es una operación más sencilla de lo que mucha gente cree:

Siguiendo las indicaciones de Cristal para Chimenea debemos medirlo, retirar el marco, extraer la pieza rota y colocar un recambio específico, que siempre debe ser de cristal vitrocerámico, no de vidrio normal. Usar un cristal inadecuado es muy peligroso, porque no resistirá las temperaturas. Por eso, si alguna vez notas una grieta, no lo dejes pasar: es mejor solucionarlo cuanto antes y seguir disfrutando de la chimenea con tranquilidad.

La elección de la leña adecuada.

Poner a punto la chimenea no se limita solo a cuestiones de limpieza o reparación, también influye el tipo de leña que se utilice. No todas las maderas arden igual, ni todas son igual de limpias. Las maderas duras, como la encina, el roble o el olivo, son más recomendables porque producen una combustión más lenta y calórica, con menos chispas.

En cambio, las maderas blandas, como el pino, generan más resina y tienden a ensuciar más el conducto, dejando depósitos de hollín que obligan a limpiar con mayor frecuencia. También hay que tener en cuenta que la leña debe estar bien seca. Una madera húmeda genera humo en exceso y apenas desprende calor; por eso lo más aconsejable es almacenar la leña en un lugar cubierto y ventilado durante varios meses antes de usarla.

Ventilación y seguridad en la estancia.

Preparar la chimenea también es pensar en el entorno.

Una casa con chimenea debe tener buena ventilación para evitar que se concentren gases nocivos, ya que, aunque la puerta esté cerrada y el tiro funcione bien, siempre puede haber pequeñas fugas. Por eso es recomendable instalar detectores de monóxido de carbono, que avisan en caso de niveles peligrosos.

Asimismo, hay que tener presente que el espacio alrededor de la chimenea debe estar despejado. No conviene acumular muebles, cortinas o alfombras demasiado cerca, porque un descuido puede acabar en accidente.

También se recomienda poner un pequeño protector metálico frente a la puerta por si hay niños o mascotas, ya que evita que se acerquen demasiado al cristal caliente.

Prepárate para el calorcito con toda seguridad.

Cuando todo está a punto, encender la chimenea es mucho más seguro y agradable: merece la pena.

Por fin puedes relajarte y disfrutar de tu fuego en invierno, ese que además de calentar, acompaña y te ayuda a crear momentos bonitos con tus seres queridos o contigo mismo: ya sea para charlar, leer o simplemente relajarse mirando las llamas, es un placer que solo se entiende si se vive.

Por eso este artículo es tan importante, porque prepararla bien antes de la temporada no es un capricho, sino que es totalmente necesario para poder disfrutar de ese momento sin preocupaciones. Así que recuerda:

  • Debe estar limpia, y no de cualquier forma: al inicio te hemos explicado cómo.
  • No debe tener cenizas.
  • Debes revisar juntas y revisar las entradas y salidas.
  • Se debe deshollinar el conducto.
  • ¡Cuidado con el cristal! Cámbialo, aunque sólo tenga una pequeña fisura.
  • Usa la leña adecuada y no metas leña húmeda.
  • Mantén la zona segura y tu entorno revisado.
  • Si tienes mascotas o niños pequeños jamás dejes la chimenea a su libre disposición.

Con estos consejos, tendrás la seguridad de que tu chimenea está preparada para dar calor y ambiente durante toda la temporada. Al final, se trata de disfrutar de la parte más bonita del invierno con la tranquilidad de saber que todo está bajo control ¿verdad? ¡Y ahora podrás conseguirlo!

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