La transformación integral es una de las opciones más demandadas por aquellos que deciden reformar la cocina de su casa. Esto ha dado paso a una nueva modalidad de reforma, el todo en uno. Donde la misma empresa te cambia el mobiliario y se encarga de todos los trabajos de albañilería, fontanería y electricidad que sean necesarios, en un tiempo récord y con un presupuesto cerrado.
Antes, cuando las familias decidían reformar la cocina, por lo general, lo que hacían era cambiar los muebles y, si a caso, darle una mano de pintura a la habitación. Había quien aprovechaba para comprar algunos electrodomésticos nuevos o cambiar los azulejos de la pared.
Ahora lo que se estila es una remodelación más profunda de la cocina. Adaptarla a las necesidades y gustos de los habitantes de la casa. Lo que a menudo implica una ampliación del espacio o una distribución nueva del mismo.
Como hemos dicho, la mejor forma de encarar este proyecto es encargar todo el trabajo a la misma empresa de muebles y reformas. Es el todo en uno. Los técnicos de Kouch & Boulé, una empresa sevillana que presta este servicio, señalan que en apenas unas semanas se transforma un espacio obsoleto y sin funcionalidad en una cocina moderna, optimizada y personalizada.
Es, precisamente, la personalización uno de los rasgos que imperan en el diseño y el interiorismo actual. Cada uno de nosotros aspiramos a vivir en una casa a nuestra medida, pero, como es normal, es difícil encontrarla. Los constructores y el mercado se mueven con modelos estándar. Adaptar las dependencias, en este caso la cocina, es un trabajo que debemos encarar nosotros mismos.
Las cocinas de ahora son espacios para vivir.
Uno de los cambios más significativos que han experimentado las cocinas en los últimos tiempos es que han pasado de ser un lugar para trabajar, para cocinar, en un sitio donde hacemos vida. Un lugar donde nos reunimos con la familia para desayunar, donde practicamos nuestras aficiones y, donde a menudo, las compartimos con gente cercana.
A las cocinas, en cierto modo, se le ha devuelto ese punto de espacio común que tenían antes. Cuando era pequeño, en la casa de mis abuelos, en el pueblo, la cocina era la habitación de las mañanas. Donde desayunabas mientras la abuela ya estaba enfangada haciendo los preparativos de la comida. Donde, incluso, muchas veces comíamos. La vida se trasladaba al comedor, frente al televisor, después de la comida.
Hoy encontramos cocinas de este tipo, con mesas grandes, donde los habitantes de la casa comen y se reúnen. No solo cocinan. Esto se hace, sin duda, por comodidad. En un paso tienes la comida de la sartén al plato.
Por otro lado, muchas personas han encontrado en la cocina un canal en el que desplegar su creatividad. Una afición que les reporta satisfacción. Para practicar la cocina de esta manera, necesitas unas instalaciones adecuadas. Un lugar donde crear a gusto sin sentirte agobiado.
Entre estos cocineros aficionados encontramos algunos que les gusta compartir su afición con amigos. Descorchar una botella de vino y brindar mientras preparan los manjares que disfrutarán después. O involucrar en la elaboración de esa comida a la pareja o a los amigos.
En fin, encontramos tantas cocinas como personas o tipos de personas existen. Una dependencia que ha pasado a ser un espacio tan personal como el dormitorio o el despacho donde trabajamos en casa.
La cocina ha adquirido un valor en sí mismo diferente al que tenía décadas atrás.
Cocina abierta o cerrada.
Un dilema al que nos enfrentamos a la hora de transformar la cocina es: ¿qué es más adecuado, cocina abierta o cerrada?
En las últimas décadas, la forma de habitar nuestras viviendas ha cambiado, y con ello también lo han hecho las preferencias en cuanto al diseño de interiores. La cocina, que antes quedaba relegada a un espacio aislado, se ha convertido en un punto de interacción social. De ahí surge la tendencia de integrar cocina y salón para crear un ambiente amplio y luminoso. Esta configuración responde a viviendas más pequeñas, al deseo de optimizar cada metro cuadrado y a un estilo de vida que apuesta por la convivencia en espacios comunes. Sin embargo, este modelo no está exento de debates y comparaciones con la cocina tradicional cerrada, más propia de los pisos antiguos, en los que ambas estancias quedaban en extremos opuestos de la casa para separar olores y ruidos.
Las cocinas abiertas ofrecen grandes ventajas en términos de amplitud y funcionalidad. Favorecen la comunicación entre quienes cocinan y quienes descansan en el salón, convirtiendo la preparación de la comida en parte natural de la vida familiar. Facilitan las tareas cotidianas: mover platos, recoger la mesa o atender a invitados es mucho más rápido cuando no hay barreras físicas por medio. Desde un punto de vista estético, también aportan un aire moderno al hogar, y suelen aumentar el valor de una vivienda en el mercado actual, ya que estos espacios amplios y multifuncionales están bastante demandados.
No obstante, las cocinas abiertas presentan desventajas que conviene valorar. Al no existir separación física, los olores se extienden con facilidad por el salón, incluso con una buena campana extractora. También se perciben los ruidos de los electrodomésticos, lo que puede resultar molesto en momentos de descanso. A ello se suma que cualquier desorden en la cocina queda a la vista, trasladando sensación de desorden al resto de la casa.
Portales inmobiliarios, como Fotocasa, insisten además en que las cocinas abiertas tienden a ser menos higiénicas, ya que la grasa y la humedad generadas al cocinar se reparten por gran parte de la casa. Por eso, aunque esta tendencia encaja bien con los hogares actuales, no es una solución universal. Elegir entre cocina abierta o cerrada depende del tamaño de la vivienda, del estilo de vida de sus habitantes y de la importancia que cada uno conceda a la convivencia, la intimidad y la limpieza.
Distribución de la cocina.
En términos de distribución, tenemos diferentes tipos de cocina, a los que es importante atender cuando nos planteamos la reforma de esta dependencia.
De estos tipos de cocina, quizás la más incómoda y, por desgracia, una de las más habituales, es la cocina en línea. En esta cocina todos los electrodomésticos y muebles los tenemos encajados en la pared del fondo. Es un diseño que se utiliza bastante en pisos pequeños, donde hay problemas de espacio y en cocinas integradas en el salón. Este no es la distribución más funcional para cocinar. Suele presentar problemas de espacio y obliga a desplazarse para realizar las tareas.
En la cocina en paralelo, tenemos una parte de las instalaciones en una pared y otra en la pared opuesta. Se recurre a esta distribución en cocinas alargadas, tipo pasillo. Con este sistema tienes más espacio para trabajar, pero con frecuencia tienes que estar dándote la vuelta para terminar las tareas. Tampoco es una cocina cómoda cuando hay varias personas trabajando en ella.
Con la cocina en L, una parte del equipamiento lo tenemos en una pared y otro en la pared perpendicular. Esta distribución nos permite establecer zonas delimitadas de trabajo. Un área para cortar y preparar los ingredientes, otra área para cocinar, una zona de emplatado y un espacio para la limpieza.
Con la cocina en U, utilizamos 3 de las 4 paredes de la cocina. Con lo que ampliamos el espacio útil de trabajo y ganamos en comodidad.
Aunque en la actualidad recurrimos a islas y mesas centrales de cocina para ganar espacio, las cocinas en L y en U siguen siendo las más operativas.
Cambios en el color.
Otro cambio que apreciamos en la decoración y reforma de las cocinas es el color de los muebles y de la cocina en general.
La revista El Mueble reunió recientemente a 3 interioristas de prestigio para valorar las últimas tendencias en cocina. Chone de la Sotilla, Mónica Diago y Pils Ferrer coinciden en señalar que las cocinas completamente blancas han quedado obsoletas. En su lugar, se apuesta por tonos terrosos y por el color de la madera clara natural, tipo pino o roble.
Es normal que estos cambios se vayan dando en la industria, ya que los fabricantes necesitan incentivar a los consumidores a cambiar los muebles de la cocina. Sin embargo, en este caso, recurrir a estos tonos aporta una calidez y una naturalidad a la estancia que la hace más acogedora. Un detalle que está en sintonía con ese rol de espacio social, de lugar de vida, que hemos adjudicado a las cocinas recientemente.
Estos colores orgánicos nos conectan con la tierra, con el planeta. Es una forma de reconciliarnos con la naturaleza. Un contrapunto al blanco de fondo, que continúa presente en las cocinas y que las transforma en un espacio visualmente más atractivo.
Distribución, equipamiento y color son factores que debemos considerar cuando reformamos la cocina. Reforma que suele ir más allá de un mero cambio de muebles. Y donde el todo en uno es la mejor opción para materializar el cambio con éxito.