Cada vez más españoles recurren a los preparadores de oposiciones para conseguir un empleo estable

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Cada vez son más los españoles que deciden apostar por los preparadores de oposiciones como una vía fundamental para conseguir un empleo público y, con él, la ansiada estabilidad laboral. En un contexto social y económico en el que la incertidumbre en el mercado de trabajo se ha vuelto casi estructural, la figura del preparador ha adquirido un papel protagonista dentro del recorrido de quienes deciden opositar. Ya no se trata simplemente de estudiar un temario por cuenta propia o de presentarse al examen con la esperanza de aprobar; hoy, preparar una oposición implica una estrategia clara, una planificación rigurosa y una orientación constante que muchos encuentran únicamente en la figura de estos profesionales.

El auge de los preparadores se entiende mejor si se analiza el perfil actual del opositor. En muchos casos, ya no se trata solo de recién graduados que buscan una primera salida profesional, sino también de personas que han trabajado en el sector privado y buscan un cambio de vida, profesionales que han sufrido la temporalidad en sus contratos o que, directamente, han perdido su empleo. La idea de conseguir una plaza fija, con un sueldo predecible y una proyección a largo plazo, se ha vuelto un objetivo prioritario. Sin embargo, el camino no es sencillo. La competencia es cada vez mayor, el nivel de exigencia ha aumentado y la presión psicológica puede llegar a ser muy alta. En ese contexto, contar con un preparador se convierte en un apoyo esencial no solo académico, sino también emocional y organizativo.

Este tipo de profesionales actúa como guía experto y, en este sentido, desde Oposiciones de enseñanza nos explican que, al igual que ellos, muchos preparadores han pasado por el mismo proceso y conocen con profundidad los entresijos de cada convocatoria, los criterios del tribunal, los errores más frecuentes y las claves para destacar frente al resto de aspirantes. Esa experiencia acumulada se traduce en una preparación mucho más eficaz. No se trata solo de saber el temario, sino de entender qué partes son más relevantes, cómo organizar el estudio según la fase del proceso, cómo desarrollar la expresión escrita o qué técnicas utilizar en un examen oral. Incluso en las pruebas tipo test, que pueden parecer más mecánicas, el preparador enseña a gestionar el tiempo, a detectar trampas o a priorizar respuestas. En definitiva, ofrece una hoja de ruta que reduce la incertidumbre y mejora la confianza del opositor.

Además, el preparador proporciona una estructura de trabajo que resulta especialmente útil en un proceso tan largo y exigente. El estudio de una oposición suele extenderse durante meses, e incluso años. Sin una organización clara, es fácil caer en la desmotivación, en la improvisación o en la sensación de estancamiento. El preparador ayuda a marcar objetivos realistas, propone cronogramas ajustados al perfil del opositor y realiza un seguimiento continuo que permite ajustar la estrategia en función del progreso. En muchos casos, su presencia supone un compromiso adicional para el alumno, que se siente acompañado y motivado para no abandonar.

Otro factor que explica el crecimiento de esta figura es el aumento de la oferta digital. Hoy en día, muchos preparadores ofrecen sus servicios de manera online, lo que permite acceder a ellos desde cualquier punto del país. Esto ha democratizado el acceso a una preparación de calidad, y ha hecho posible que personas de zonas rurales o con horarios laborales complicados puedan prepararse con los mejores. Además, las nuevas tecnologías han multiplicado las herramientas al alcance del preparador: simulacros interactivos, videoclases grabadas, test autocorregibles, plataformas con estadísticas de rendimiento… Todo ello complementa su labor y ofrece una experiencia de estudio más completa y personalizada.

¿Cuántas plazas se ofertan al año mediante oposición?

Cada año, las oposiciones representan una puerta de entrada fundamental al empleo público en España, y el volumen de plazas ofertadas no deja lugar a dudas sobre su importancia dentro del panorama laboral nacional. En los últimos años, especialmente en 2024, se ha observado un notable incremento en el número total de vacantes convocadas por las diferentes administraciones. En conjunto, se ofertaron alrededor de 150 000 plazas en todo el país, sumando los procesos de oposición, concurso-oposición y concursos de méritos impulsados tanto por el Estado como por comunidades autónomas y ayuntamientos.

Uno de los datos más destacados corresponde a la Oferta de Empleo Público del Estado, que en 2024 alcanzó una cifra histórica al aprobar más de 40 000 plazas, convirtiéndose en la mayor convocatoria estatal registrada hasta la fecha. Este aumento responde a varios factores, entre ellos el envejecimiento de la plantilla en el sector público, la necesidad de cubrir jubilaciones masivas y el objetivo político de reforzar los servicios esenciales como sanidad, educación, justicia y seguridad ciudadana.

Pero estas cifras no provienen solo de la Administración General del Estado. Las comunidades autónomas, diputaciones y entidades locales también tienen un papel clave en el proceso, y cada año lanzan miles de convocatorias para cubrir plazas en sus respectivos territorios. Así, se va conformando un mapa de oportunidades laborales que cubre desde grandes cuerpos nacionales hasta puestos técnicos o administrativos en pequeños municipios.

Este impulso sostenido a las oposiciones no solo refleja la intención de mejorar la eficiencia de los servicios públicos, sino que también representa una apuesta por ofrecer salidas profesionales estables en un contexto económico que todavía arrastra secuelas de la inestabilidad y la precariedad laboral. Para muchas personas, acceder a una plaza pública supone asegurar su futuro laboral en un entorno donde la temporalidad y los contratos por obra siguen siendo comunes en el sector privado.

Además, el crecimiento del número de plazas ha venido acompañado de una mayor transparencia y accesibilidad en los procesos selectivos. Las plataformas digitales, los servicios de información pública y la modernización de los portales de empleo han permitido que cada vez más personas puedan informarse con rapidez sobre las convocatorias disponibles, los requisitos específicos y los calendarios de exámenes.

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