Hablemos de suelos

Hablemos de suelos

En toda reforma, e incluso cuando compramos una vivienda de obra nueva y podemos seleccionar ciertos acabados, nos surge la pregunta del millón: ¿Qué tipo de suelo es el más indicado para mis necesidades? Hoy queremos mostraros que no hay ningún suelo malo pues, dependiendo del uso que se le vaya a dar, puede que nos convenga más el vinilo, la tarima, el parque, el azulejo o incluso el terrazo.

Una de las primeras preguntas que debemos hacernos es si tenemos animales. Puede que con los gatos el desgaste sea menor pero si contamos con perros en la unidad familiar debemos tener en cuenta que sus uñas, y el golpeteo de las mismas al caminar y mucho más al correr, pueden dañar la superficie de suelos delicados e incluso arañar la madera, por eso en este caso puede que sea más interesante optar por un suelo vinílico o por unas buenas baldosas. De hecho, si queremos conseguir el efecto madera porque nos hemos quedado con las ganas, he de decir que hay baldosas y vinilos que están tan conseguidos que es necesario tocarlos detenidamente para notar que no estamos ante una buena tarima o parqué.

Otra pregunta que debemos hacernos es si en el edificio, o en la casa unifamiliar donde vamos a residir, hay mucha humedad o no. Hay ciudades, como Alicante, Almería y otras costeras, en las que no es necesario hacerse esa pregunta porque la respuesta siempre es sí. Por muy bien construido que esté el edificio en cuestión, la humedad siempre está ahí latente y puede salir y dar la cara cuando menos te lo esperas. En estos casos puede que la madera sea un buen aliado, pues aísla muy bien del frío pero también tiene un hándicap, y es que es un material conductor de humedad. Debido a ello, la mejor opción sería la tarima flotante pues, al no pegarse al suelo, la protegemos mucho mejor de la humedad que el parqué encolado, que al estar completamente pegado al terrazo favorece la humectación de la madera y la aparición de humedades en él. De hecho, según UniqueWood, una firma española de tarima artesanal de gran formato, a pesar de la fama que tiene el parqué, según su experiencia sale más rentable la instalación de la tarima, pues es más duradera y resistente a la par que podemos dar con diseños realmente elegantes.

Suelos

Baldosas: un suelo muy popular que puede estar fabricado con cerámica o porcelanas. El precio del metro cuadrado es muy variable pues todo depende de del material de fabricación, el grosor de las baldosas, el tamaño de las mismas, e incluso de la firma a la que se le atribuye el diseño. Su instalación es compleja, pero también es a la que más acostumbrados suelen estar los albañiles. Se trata de un suelo resistente y muy fácil de mantener, por lo que puede usarse tanto en habitaciones como en baños o cocinas.

Piedras naturales: tales como arenisca, granito, mármol o pizarra. También hablamos de un suelo muy resistente, pero mucho más caros que las baldosas. Hay que tener cuidado con sus propiedades pues si ponemos mármol, muy resbaladizo, en el suelo del baño, es posible que tengamos algún que otro accidente, mientras que poner arenisca, que es antideslizante, sería una muy buena opción.

Madera natural: un material cálido, perfecto para zonas frías. Se adapta a cualquier diseño y es fácil de limpiar pero hay que ofrecerle un buen mantenimiento si queremos conservar el suelo de madera natural en perfecto estado. No es recomendable para baños o cocinas, ya que la madera es muy sensible al agua.

Tarimas flotantes: el material de la tarima flotante es costoso, pero no así su instalación que es económica y sencilla, por lo que se equipara el precio bastante a la baldosa. Tiene un mantenimiento más sencillo que la madera natural, y si una lámina se estropea es fácilmente reemplazable, no obstante no es tan resistente y aunque resiste cambios de temperatura y otros agentes externos, se puede dañar con facilidad si no llevamos cuidado.

Suelos de vinilo y sintéticos: opciones económicas, fáciles de instalar u limpiar que pueden instalarse en cualquier superficie y en cualquier estancia. De hecho, son tan fáciles de instalar que con un poco de maña podemos hacerlo nosotros mismos sin necesidad de acudir a un profesional. Ahora bien, en lugares con mucho tránsito suele desgastarse con facilidad.

Microcemento y hormigón: aunque antes solo se usaba en naves industriales y terrazas, cada vez son más los decoradores que optan por este material para crear un suelo dentro de una vivienda. Es resistente y económico y evita el riesgo de filtraciones. La instalación es compleja pero el mantenimiento y la limpieza es muy sencillo.

Y por último, moquetas: son fáciles de instalar y una alternativa muy cálida para zonas frías, sin embargo son muy difíciles de limpiar y pueden convertirse en el peor enemigo para personas alérgicas, pues acumulan polvo y suciedad fácilmente.